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	<title>El Blog de Puerto Padre Histórico &#187; Añoranzas de P.P.</title>
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	<description>Promoviendo La Confraternidad entre los Puertopadrenses</description>
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		<title>Papaviejo y Los Campaneiros</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Nov 2008 17:43:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ArtLab</dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas de P.P.]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Papaviejo y Los Campaneiros&#8221;  (Copia de publicación en Soc.Culture.Cuba) 

Mi abuelo, por parte de madre, era Andaluz. Fue a Cuba cuando tenía unos 18 años y murió teniendo casi 90. A su muerte, todavía conservaba el acento propio de su región, una aldea de los alrededores de Sevilla. Asimismo, mantenía el espíritu alegre y jovial de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>&#8220;Papaviejo y Los Campaneiros&#8221;  (Copia de publicación en Soc.Culture.Cuba) </strong></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://puertopadre.com/wordpress/wp-content/uploads/2008/11/animacion-de-la-vela-de-navidad-03l.gif"><img class="size-medium wp-image-67  aligncenter" title="animacion-de-la-vela-de-navidad-03l" src="http://puertopadre.com/wordpress/wp-content/uploads/2008/11/animacion-de-la-vela-de-navidad-03l.gif" alt="" width="75" height="94" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Mi abuelo, por parte de madre, era Andaluz. Fue a Cuba cuando tenía unos 18 años y murió teniendo casi 90. A su muerte, todavía conservaba el acento propio de su región, una aldea de los alrededores de Sevilla. Asimismo, mantenía el espíritu alegre y jovial de su tierra. Le gustaba la buena comida, el vino, la fiesta, la música, el buen chiste. Me dicen (las malas lenguas) que en su juventud también le gustaban las mujeres guapas y el juego. En fin que a mi abuelo &#8220;Papaviejo&#8221; (así lo llamábamos todos sus nietos) obviamente le gustaban todas las cosas que hacen la vida en extremo agradable.</p>
<p style="text-align: justify;">Papaviejo era muy buen cocinero. Yo recuerdo que hacía un &#8220;arroz con bacalao&#8221; que era una cosa extraordinaria. El secreto de este plato estaba, según él, en tostar el bacalao crudo sobre un brasero antes de adicionarlo al arroz que, por cierto, también contenía pequeños trozos de papa y mucho pimientos verdes.</p>
<p style="text-align: justify;">La gran ocasión anual, donde más se lucía mi abuelo, era en la Nochebuena. Muchos días antes, empezaba a traer para su casa los ingredientes de la gran cena. Todo se iba guardando en un gran armario que estaba en el comedor de la casa. Por cierto, el olor que emanaba de aquel armario, durante esa época, era algo que incitaba al delito. Más de una vez a mis primos y a mi nos sorprendieron &#8220;con las manos en la masa&#8221;, tratando de substraer anticipadamente una que otra avellana, nuez, u otra apetitosa golosina del gran armario.</p>
<p style="text-align: justify;">El menú de la cena generalmente era una verdadera exageración:</p>
<p style="text-align: justify;"> - Ensalada de lechuga criolla, rábanos rojos y pepinos, con aderezo a la vinagreta.<br />
 - Arroz con pollo<br />
 - Fricasé de guanajo con papas<br />
 - Lechón asado<br />
 - Mojo criollo, para el lechón<br />
 - Casabe mojado, pan<br />
 - Frutas: Manzanas, peras, úvas, hígos, dátiles.<br />
 - Turrones: Alicante, Jijona, Yema, Mazapán. Membrillo.<br />
 - Dulce de naranja (hecho en la casa)<br />
 - Nueces, avellanas<br />
 - Quesos: Amarillo y blanco<br />
 - Vinos: Tinto y dulce<br />
 - Aperitivos: Anís del Mono, Cremas Marie Brizzard.<br />
- Café Fuerte (primera colada) para los mayores. Claro (2da colada) para los menores.</p>
<p style="text-align: justify;">Papaviejo no participaba en la confección de la cena pues ese día él tenía otras cosas en mente. Salía temprano en la mañana del 24, en plena actitud de zafarrancho de combate, y comenzaba su parranda navideña visitando a sus viejos amigos en el pueblo. Y así, unas veces se le podía encontrar en &#8220;La Asociación de Colonos&#8221; cuando no en &#8220;La Colonia Española&#8221; o en la bodega de Benigno Pereda o en la casa de algunos de sus viejos compinches de antiguas correrías. El caso es que no fueron pocos los jóvenes, que haciendo alarde de poder administrar bien el &#8220;cotunta&#8221; o el &#8220;paticruzao&#8221;, sucumbieron lastimosamente ante el &#8220;staying power&#8221; de Papaviejo.</p>
<p style="text-align: justify;">Unas horas antes del comienzo de la cena, la familia comisionaba a un miembro juicioso para que saliera a &#8220;montear&#8221; al abuelo, por todo el pueblo, y rescatarlo de cualquier situación, no importa cuan comprometedora esta fuese. Y así, al cabo de un tiempo, llegaba a la casa mi abuelo, generalmente acompañado de una gran comparsa de socios parranderos. Estos invitados de última hora, a veces resultaban ser los personajes más inverosímiles. Lo mismo podía ser un viejo pescador, que un juez de valla de gallos que un carbonero. Una vez, se presentó con un marino mercante noruego que no hablaba una gota de español y al cual encontró ambulando desconcertado por el pueblo. La familia, desde luego ya estaba acostumbrada a estos comensales &#8220;adicionales&#8221; y siempre se hacían previsiones para los mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de la cena todos nos reuníamos alrededor de Papaviejo para la parte estelar de la nochebuena que era cuando él cantaba &#8220;Los Campaneiros&#8221;. No sé el origen de este canto. Evidentemente era un tipo de &#8220;seguidilla&#8221; traída de su tierra y para la cual hacía falta la participación de un segundo, hombre o mujer, que le fuera dando &#8220;pié&#8221;. La cosa, según yo la recuerdo, iba así:</p>
<p style="text-align: justify;">                                  <span style="color: #0000ff;">Abuelo &#8211; &#8220;Compadre yo soy sonaire&#8230;&#8221;</span><br />
                                  2do &#8211; &#8220;¿Que instrumentillo sabéis tocaire..?&#8221;<br />
                                  <span style="color: #0000ff;">Abuelo &#8211; &#8220;Yo se tocaire los trompeteiros&#8230;&#8221;</span><br />
                                  2do &#8211; &#8220;¿Como se tocan los trompeteiros..?<br />
                                  <span style="color: #0000ff;">Abuelo &#8211; &#8220;Taratatán los trompeteiros,</span><br />
                                  <span style="color: #0000ff;">Compadre yo soy sonaire&#8230;..&#8221;</span><br />
                                  2do &#8211; &#8220;¿Que instrumentillo sabéis tocaire&#8230;.?&#8221;<br />
                                  <span style="color: #0000ff;">Abuelo &#8211; &#8220;Yo se tocaire los tamboreiros..&#8221;<br />
</span>                                  2do &#8211; &#8220;¿Como se tocan los tamboreiros.. ?&#8221;<br />
                                  <span style="color: #0000ff;">Abuelo &#8211; &#8220;Racataplán los tamboreiros,<br />
                                  taratatán los trompeteiros,<br />
                                  Compadre yo soy sonaire&#8230;&#8221;</span></p>
<p style="text-align: justify;">Y así, se le iba añadiendo a la seguidilla, el &#8220;violinceiro&#8221;, el &#8220;guitarreiro&#8221; el &#8220;pianoleiro&#8221; y una larga lista de instrumentos todos los cuales tenía que imitar el abuelo, en el orden dado y sin olvidar ninguno. Al final había una ligera variante pero no la recuerdo bien. De todos modos la alegría que reinaba, entre todos los presentes, al final de los &#8220;campaneiros&#8221;, era algo que difícilmente se me pueda olvidar mientras viva.</p>
<p style="text-align: justify;">En esta época, donde todos recordamos otros tiempos, otras Navidades felices de nuestra amada patria, pensé apropiado rendirle este pequeño tributo de recordación a mi querido &#8220;Papaviejo&#8221;, un hombre verdaderamente extraordinario que murió ya hace muchos años pero que continúa viviendo dentro de mi corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">A. Labrada<br />
Miami, Navidades del 1996</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
]]></content:encoded>
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		<title>El Ultimo Molino</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Apr 2008 20:52:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ArtLab</dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas de P.P.]]></category>
		<category><![CDATA[Molinios]]></category>
		<category><![CDATA[Villa de los Molinos]]></category>

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		<description><![CDATA[Un homenaje a lo que llego a convertirse en un icono de Puerto Padre.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><a href="http://puertopadre.com/wordpress/wp-content/uploads/2008/04/molinokinde1.jpg"></a><span style="text-decoration: underline;">El Ultimo Molino</span></h2>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-32" title="molinokinde1" src="http://puertopadre.com/wordpress/wp-content/uploads/2008/04/molinokinde1.jpg" alt="El último molino en pie en P.Padre." width="500" height="375" /></p>
<p style="text-align: justify;">Hace unos días recibí, de un buen amigo mío, la foto que encabeza a este escrito. ¡Que título más apropiado para una novela, o para una película!   Y que escena tan tristemente impactante  para los puertopadrenses, por lo menos para los que, como yo, se entristecen cuando se enteran de la desaparición de algún elemento histórico de nuestro pueblo.  Lo que la foto muestra representa el último vestigio, no solo de una era, sino de lo que llegó a ser un símbolo icónico de nuestro terruño.  Los molinos de viento de Puerto Padre dieron lugar a que  nuestro pueblo fuera bautizado con el apropiado apodo de “La Villa de Los Molinos” para competir con  el otro, no menos válido titulo: “La Villa Azul”. </p>
<p style="text-align: justify;">Cuando yo era muy pequeño, mi primer objeto de admiración por las cosas mecánicas  fue un viejo molino que se erguía majestuoso en el patio de la casa de mis abuelos.  Aquel complicado y maravilloso conjunto de angulares atornillados, rueda con aspas, mecanismo con engranajes, veleta y tubos, constituía un motivo de curiosidad perpetua y mi adicción era tal que  pasaba largos ratos admirando su funcionamiento. </p>
<p style="text-align: justify;"> Uno de los primeros héroes de mi niñez  fue, por algún tiempo, un popular personaje que se dedicaba a trabajos de plomería y era especialista en arreglar molinos. “El Yigre” cautivó mi admiración el memorable día que respondió a una llamada de mi abuelo, para que le diera mantenimiento a su molino, cosa que no ocurría muy frecuentemente. El experimentado  técnico  llegó con sus largas  “llaves inglesas”, sogas, aparejos, y otros útiles de trabajo y, demostrando un valor asombroso, subió ágilmente la imponente escalerilla de la torre hasta la precaria plataforma de acceso, situada debajo del mecanismo que convertía el movimiento rotatorio de la rueda de aspas a la acción reciprocante que movía el émbolo de la bomba, en las profundidades del pozo. </p>
<p style="text-align: justify;">Mi admiración por El Yigre dio origen  a que yo tomara, en ese entonces, la firme determinación de convertirme en mecánico de molinos, cuando fuera más grande.  Ese compromiso duró  hasta que, algo mas tarde, conocí a Plácido quien era el chofer de uno de los pocos camiones del pueblo.  Plácido y su formidable camión fueron la causa de que yo, no solo añadiera un nuevo miembro a mi lista de admirados  héroes, sino que también alterara mis planes en cuanto a lo que definitivamente sería mi futura carrera en la vida: Chofer de camión. Mi amor por los molinos, sin embargo, permaneció incolume. </p>
<p style="text-align: justify;">Cuando tuve edad para sentir inquietud por asuntos más espirituales y esotéricos (unos 9 años), tuve algunas experiencias relacionadas con los molinos que merecen ser mencionadas.  Esto requiere una explicación previa sobre su funcionamiento:  </p>
<p style="text-align: justify;">Uno de los elementos importantes de un molino es su veleta. Esta consiste de un brazo horizontal en  uno de cuyos extremos esta fijada una lámina metálica, de forma triangular o trapezoide, y el otro extremo está conectado al mecanismo central que permite que el conjunto gire libremente en todas las direcciones en el plano horizontal.  Estando la veleta normalmente posicionada perpendicular al plano de la rueda de aspas se logra que esta última siempre presente su cara frontal al viento, no importa de que dirección esté soplando. </p>
<p style="text-align: justify;">Hay ocasiones cuando se requiere que el molino deje de funcionar, es decir que sus aspas dejen de girar y  por consiguiente el molino se pare. Las razones para esta paralización, casi siempre temporales, pueden ser, bien que el tanque de depósito de agua ya esta lleno o que haya demasiado viento, o cualquier otro motivo momentáneo de tipo mecánico o de seguridad.  Para esto, existe un cabrestante cuyo  cable va conectado a un mecanismo abisagrado que permite, desde el suelo, plegar la veleta en forma tal que cause que la rueda de aspas presente al viento reinante no su cara frontal sino su borde periférico, esto causa que las aspas dejen de girar y el molino se para.  </p>
<p style="text-align: justify;">Ahora bien, resulta que, cuando un molino se encuentra en ese modo de no-operación,  sus aspas no giran pero el conjunto completo de rueda, mecanismo y veleta si  puede girar en el plano horizontal, según se produzcan cambios en la dirección desde donde sopla el viento.  Esto, sobre todo cuando el mecanismo de giro está algo falto de grasa (cosa frecuente), causa que el molino emita, ocasionalmente, ruidos metálicos que resultan muy peculiares y enigmáticos, mas aún, si se escuchan en la quietud de la noche. </p>
<p style="text-align: justify;">Y así sucedía que, en aquellas noches cuando el sueño tardaba en cerrar mis ojos, y esto coincidía con que algún molino cercano estuviera provisionalmente parado, los sonidos que este producía, en los momentos menos esperados, eran objeto de innumerables interpretaciones y conjeturas, productos de mi infantil e hiperactiva imaginación.  En ocasiones pensaba que esos molinos aprovechaban la oscuridad de la noche para impersonar a severos maestros con el fin de  regañar  a todos los niños del barrio que se habían portado mal durante el día. Otras veces, los ruidos me parecían ser tristes alaridos y lamentos y yo me cuestionaba cual podría ser el motivo  de aquellas quejas de unas máquinas que para mí eran perfectas. </p>
<p style="text-align: justify;">Hubo otras ocasiones en las cuales, encontrándome en el medio de una horripilante pesadilla, el  afortunado “grito” de un molino acudía a despertarme, en el instante preciso cuando estaba a punto de ser alcanzado por mis maléficos perseguidores o de caer por un aterrador abismo.  Lo más intrigante era que el fortuito grito del molino, que me hacía despertar, siempre  coincidía con mí desesperado grito en la pesadilla, y yo me preguntaba como era posible que el molino se enterara tan oportunamente de mi desagradable infortunio.  </p>
<p style="text-align: justify;">Estas deliberaciones filosóficas sobre  los ruidos causados por los molinos, y sus  insondables razones y propósitos, persistieron por algún tiempo hasta que al fin, una noche memorable, de evidente iluminación, teniendo en cuenta que los ruidos ocurrían solamente cuando los molinos estaban parados, llegué a la trascendental conclusión de que sus gritos y alaridos, en la apacible calma de la noche, eran en realidad sus vigorosas expresiones de protesta ante la aplicación de la, para ellos, injusta medida que impedía que sus aspas giraran libremente. </p>
<p style="text-align: justify;">En el 1951, con 20 años de edad, regresé a Puerto Padre, después de 7 años de ausencia en los EE.UU. Para ese entonces, el número de molinos, que en una época se contaban por  cientos, comenzaba a declinar ante el ímpetu de nuevas tecnologías. El viejo “Yigre” paulatinamente fue cediendo espacio al dinámico “ Kinde” Sanchez, quien se dedicaba a instalar turbinas eléctricas.  Algunos molinos, reemplazados por las más eficientes instalaciones, fueron impiamente desmantelados.  Otros, cuyos dueños quizás conservaban  algún sentimiento de agradecimiento por los años de servicio cumplido, sencillamente  los jubilaban y estos permanecían parados, sin mantenimiento y expuestos a la acción corrosiva del salitre que eventualmente, algo piadosamente  postergado,  hacía necesario su inevitable desmantelamiento. </p>
<p style="text-align: justify;">En el 1962, ante la inminencia de mi salida del país camino al exilio, fui a despedirme del  viejo amigo de mi niñez, el molino de mi abuelo.  Para ese entonces, la vieja casa había cambiado de dueño y me vi obligado a disfrazarle, un tanto, al nuevo propietario, el verdadero motivo de mi visita.  Cuando estuve frente a la torre del molino, de inmediato recordé una escena casi olvidada de mi niñez.  En ella estaba mi abuelo regañándome severamente cuando me sorprendió trepando por la escalerilla del molino, casi hasta la alta plataforma.  Por cierto, en esa ocasión, de nada me sirvió que le explicara a mi abuelo que yo estaba destinado a seguir los pasos del Yigre. </p>
<p style="text-align: justify;">Continué mirando aquel antiguo objeto de mi admiración con la esperanza de ver con ojos de (la ya perdida) inocencia y de sentir, con  corazón de niño, las dulces vivencias de tiempos pasados, pero no lo logré.  Sin embargo, recordé vividamente mis deliberaciones filosóficas, en mis ratos de infantil insomnio, sobre las razones que llevaban  los molinos a  quejarse y esto me hizo levantar la vista hasta donde la vieja rueda de aspas, ya algo maltratada por los años, giraba alegremente, con el cielo azul celeste de trasfondo, arrancándole con cada giro intermitentes destellos al  sol mañanero.  Esto fue motivo para considerarme más que recompensado en mi visita y me sentí feliz.  Le di simbólicamente  a mi viejo amigo un abrazo y le prometí solemnemente que, si Dios me lo permitía,  regresaría a verlo&#8230;   algún día. </p>
<p style="text-align: justify;">Pasados los años, resulta verdaderamente irónico que el dueño del  último molino que queda  en pie en La Villa de Los Molinos, sea precisamente Kinde Sanchez, la persona que de cierto modo y por razones coyunturales, fue partícipe indirecto en el proceso de desaparición de los molinos. Sin embargo, conociendo como conocí a  Kinde, tengo la plena seguridad de que el hecho de que su molino se haya mantenido en pie hasta este momento es un testimonio más que elocuente de que él estaba plenamente conciente del indudable valor simbólico del mismo. </p>
<p style="text-align: justify;">Si algún día, mi sueño de regresar a Puerto Padre se hace realidad, estoy seguro que, cuando llegue la noche y ponga mi cabeza sobre la almohada para descansar, todos mis sentidos,  indudablemente algo atenuados por la edad, en lo físico, pero en lo espiritual posiblemente agudizados por la sensibilidad que se puede haber ganado a lo largo de la vida, estarán atentos y a la expectativa, con la quimérica esperanza de escuchar, quizás por ultima vez, las melancólicas quejas de los viejos molinos de mi pueblo, que en la quietud de la noche se niegan a aceptar la injusta  prohibición a que sus aspas giren libremente, impulsadas por la suave brisa nocturnal de nuestra amada villa.  </p>
<p style="text-align: justify;"> Arístides J. Labrada<br />
 Miami, Primavera del 2008</p>
<p> </p>
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		<title>Nuestro Primer Artículo</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Apr 2008 22:54:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas de P.P.]]></category>

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		<description><![CDATA[Primer artículo y dedicacion del blog.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://puertopadre.com/wordpress/wp-content/uploads/2008/04/pp-rec-esc-0515.jpg"><img class="size-medium wp-image-26" title="pp-rec-esc-0515" src="http://puertopadre.com/wordpress/wp-content/uploads/2008/04/pp-rec-esc-0515-320x213.jpg" alt="" width="362" height="240" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El propósito de nuestro primer artículo en este blog</strong> necesariamente ha de ser el de enviarle  un cariñoso mensaje de saludo  y dedicatoria a los Portopadrenses que, diseminados por todo el planeta, y a pesar de largos años de ausencia, conservan aun en sus corazones un espacio muy especial dedicado a la memoria de la tierra que los vio nacer.</p>
<p>Fernando García y Grave de Peralta, en otras épocas, escribió muy elocuentemente:</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #0000ff;">San Salvador querido,<br />
florecido rincón de mis amores,<br />
donde las brisas, sin cesar nos traen<br />
suaves efluvios de los viejos bosques,<br />
donde es más claro el sol de la mañana<br />
y más dulce el remanso de la noche,<br />
donde la mar tranquila es un espejo<br />
que entre los mangles, tímida se esconde,<br />
donde cantan las ondas en las playas<br />
de música dulcisima el acorde:<br />
a ti, en mi ocaso, te dará mi lira,<br />
las notas de sus últimas canciones,<br />
y abrirá para ti, con toda el alma,<br />
de mis recuerdos el oculto cófre</span> </p>
<p>Desde la época del poeta hasta hoy, muchos han sido los hijos de nuestro pueblo que han ofrendado <em><span style="color: #0000ff;">las notas de sus últimas canciones</span></em> a la patria sufrida y lejana, en tierras extrañas, tras la espera de un regreso que nunca se materializó.  Para  los que ya no podrán ver nunca mas, con ojos terrenales, <em><span style="color: #0000ff;">la mar  tranquila que entre los mangles tímida se esconde</span></em>, así como también para aquellos que aun atesoran <em><span style="color: #0000ff;">de sus recuerdos el oculto cofre</span></em>, para todos ellos, en homenaje de reconocimiento, dedicamos este humilde lugar de reunión y depositario de ideas de los Portopadrenses.</p>
<p style="text-align: justify;">Un abrazo cordial para todos,</p>
<p><strong>Aristides J. Labrada</strong><br />
Administrador del Blog de Puerto Padre<br />
Webmaster de Puerto Padre Histórico</p>
<p> </p>
<p> </p>
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