Papaviejo y Los Campaneiros

1:43 pm Añoranzas de P.P.

“Papaviejo y Los Campaneiros”  (Copia de publicación en Soc.Culture.Cuba) 

Mi abuelo, por parte de madre, era Andaluz. Fue a Cuba cuando tenía unos 18 años y murió teniendo casi 90. A su muerte, todavía conservaba el acento propio de su región, una aldea de los alrededores de Sevilla. Asimismo, mantenía el espíritu alegre y jovial de su tierra. Le gustaba la buena comida, el vino, la fiesta, la música, el buen chiste. Me dicen (las malas lenguas) que en su juventud también le gustaban las mujeres guapas y el juego. En fin que a mi abuelo “Papaviejo” (así lo llamábamos todos sus nietos) obviamente le gustaban todas las cosas que hacen la vida en extremo agradable.

Papaviejo era muy buen cocinero. Yo recuerdo que hacía un “arroz con bacalao” que era una cosa extraordinaria. El secreto de este plato estaba, según él, en tostar el bacalao crudo sobre un brasero antes de adicionarlo al arroz que, por cierto, también contenía pequeños trozos de papa y mucho pimientos verdes.

La gran ocasión anual, donde más se lucía mi abuelo, era en la Nochebuena. Muchos días antes, empezaba a traer para su casa los ingredientes de la gran cena. Todo se iba guardando en un gran armario que estaba en el comedor de la casa. Por cierto, el olor que emanaba de aquel armario, durante esa época, era algo que incitaba al delito. Más de una vez a mis primos y a mi nos sorprendieron “con las manos en la masa”, tratando de substraer anticipadamente una que otra avellana, nuez, u otra apetitosa golosina del gran armario.

El menú de la cena generalmente era una verdadera exageración:

 - Ensalada de lechuga criolla, rábanos rojos y pepinos, con aderezo a la vinagreta.
 - Arroz con pollo
 - Fricasé de guanajo con papas
 - Lechón asado
 - Mojo criollo, para el lechón
 - Casabe mojado, pan
 - Frutas: Manzanas, peras, úvas, hígos, dátiles.
 - Turrones: Alicante, Jijona, Yema, Mazapán. Membrillo.
 - Dulce de naranja (hecho en la casa)
 - Nueces, avellanas
 - Quesos: Amarillo y blanco
 - Vinos: Tinto y dulce
 - Aperitivos: Anís del Mono, Cremas Marie Brizzard.
- Café Fuerte (primera colada) para los mayores. Claro (2da colada) para los menores.

Papaviejo no participaba en la confección de la cena pues ese día él tenía otras cosas en mente. Salía temprano en la mañana del 24, en plena actitud de zafarrancho de combate, y comenzaba su parranda navideña visitando a sus viejos amigos en el pueblo. Y así, unas veces se le podía encontrar en “La Asociación de Colonos” cuando no en “La Colonia Española” o en la bodega de Benigno Pereda o en la casa de algunos de sus viejos compinches de antiguas correrías. El caso es que no fueron pocos los jóvenes, que haciendo alarde de poder administrar bien el “cotunta” o el “paticruzao”, sucumbieron lastimosamente ante el “staying power” de Papaviejo.

Unas horas antes del comienzo de la cena, la familia comisionaba a un miembro juicioso para que saliera a “montear” al abuelo, por todo el pueblo, y rescatarlo de cualquier situación, no importa cuan comprometedora esta fuese. Y así, al cabo de un tiempo, llegaba a la casa mi abuelo, generalmente acompañado de una gran comparsa de socios parranderos. Estos invitados de última hora, a veces resultaban ser los personajes más inverosímiles. Lo mismo podía ser un viejo pescador, que un juez de valla de gallos que un carbonero. Una vez, se presentó con un marino mercante noruego que no hablaba una gota de español y al cual encontró ambulando desconcertado por el pueblo. La familia, desde luego ya estaba acostumbrada a estos comensales “adicionales” y siempre se hacían previsiones para los mismos.

Después de la cena todos nos reuníamos alrededor de Papaviejo para la parte estelar de la nochebuena que era cuando él cantaba “Los Campaneiros”. No sé el origen de este canto. Evidentemente era un tipo de “seguidilla” traída de su tierra y para la cual hacía falta la participación de un segundo, hombre o mujer, que le fuera dando “pié”. La cosa, según yo la recuerdo, iba así:

                                  Abuelo – “Compadre yo soy sonaire…”
                                  2do – “¿Que instrumentillo sabéis tocaire..?”
                                  Abuelo – “Yo se tocaire los trompeteiros…”
                                  2do – “¿Como se tocan los trompeteiros..?
                                  Abuelo – “Taratatán los trompeteiros,
                                  Compadre yo soy sonaire…..”
                                  2do – “¿Que instrumentillo sabéis tocaire….?”
                                  Abuelo – “Yo se tocaire los tamboreiros..”
                                  2do – “¿Como se tocan los tamboreiros.. ?”
                                  Abuelo – “Racataplán los tamboreiros,
                                  taratatán los trompeteiros,
                                  Compadre yo soy sonaire…”

Y así, se le iba añadiendo a la seguidilla, el “violinceiro”, el “guitarreiro” el “pianoleiro” y una larga lista de instrumentos todos los cuales tenía que imitar el abuelo, en el orden dado y sin olvidar ninguno. Al final había una ligera variante pero no la recuerdo bien. De todos modos la alegría que reinaba, entre todos los presentes, al final de los “campaneiros”, era algo que difícilmente se me pueda olvidar mientras viva.

En esta época, donde todos recordamos otros tiempos, otras Navidades felices de nuestra amada patria, pensé apropiado rendirle este pequeño tributo de recordación a mi querido “Papaviejo”, un hombre verdaderamente extraordinario que murió ya hace muchos años pero que continúa viviendo dentro de mi corazón.

A. Labrada
Miami, Navidades del 1996

 

2 Respuestas

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  • #2 Mariángeles dice:

    Me has recordado a mi bisabuelo que debió formar una gran familia allá en Puerto Príncipe en donde tenía negocios. El era médico y mi abuelo Fernando Labrada, su hijo, que fue gran artista-pintor, viendo que no volvía de Cuba, se vino a estudiar de Écija (Sevilla) a Madrid bajo la dirección del gran pintor Muñoz Legrain. Se casó a los 21 años con Antonia Chércoles. Mi abuelo obtuvo una beca para la Academia Española de Roma; allí nació mi padre, Fernando Labrada (Roma 1913-Madrid 1991). Somos una gran familia, pero ahora no quedamos muchos LABRADAS, LABRADAS, porque mi tío Antonio Labrada Chércoles sólo tuvo un hijo, Fernando Labrada, que murió muy joven y los nietos somos más chicas que chicos, pero ya gatean por ahí Ines Labrada y Sofía Labrada ¿a que somos primos o tíos o algo así? ¿os contaron alguna vez esta historia? Nosotros la hemos conocido hace poco, pues a mi padre no le gustaba hablar de esto. Mariángeles Labrada Rubio.

  • #1 Arsenio dice:

    Hace tiempo ya,visito la web,Puertopadre.com,y la he divulgado a mis contactos,a pesar de no ser de Puerto Padre,pero todo lo relacionado con mi Cuba de antes que por ser mayor me recuerdo de muchas cosas,como esa que hacen mensión ahí,en el blog,de las comelonas que se hacían,principalmente en los días de noche buena y Navidad,y todo lo que viene ahí de comida,dulces,vinos,etc,lo hacíamos igualmente mis padres,que E.P.D.y me hizo recordar tiempos de los años 40 y 50,cuando era un niño.Gracias también,por tener ahí,anuncios que datan de muchos años,los cuales recuerdo con cierta melancolía,pero es bueno recordar tiempos pasados,que nunca serán mejores.Saludos cordiales de Arsenio Ramón Bonachea (Madrid,España)