PUERTO PADRE, REVIVIRAS COMO EL AVE FENIX

10:36 am Temas de Actualidad

 

La última vez que estuve en Puerto Padre, fue en Septiembre de 1966, cuando fui a despedirme de los dos  últimos tíos que me quedaban, Claudio y “Lito” Machado, así como el resto de la familia, incluyendo a mi primo, mayor, Rafael Ramón Llampay, porque, dejando a mi país subyugado por la tiranía comunista, me marchaba al exilio,    En los Estados Unidos, ya me esperaban desde hacía casi seis meses, cinco hijos varones, el mayor de diez años de edad, el menor de solo uno.

No había tenido la oportunidad de volver Puerto Padre, desde mi infancia,  a mediados de los años cuarenta..

Cuando uno es niño, visualiza todo desde otra perspectiva y tamaño, por cuyo motivo guardaba un recuerdo de la Iglesia Católica, (donde me bautizaron y recibí la primera comunión de manos del Padre Arrollave), cuyo tamaño, en mis recuerdos, me parecía mayor de lo que realmente era.    Fue una gran sorpresa descubrir que no fuera tan grande como mi mente imaginaba, pero sí extremadamente bella, tanto en su estructura como, en su interior, con su hermoso púlpito redondo y su impresionante altar.

El hermoso Paseo de la Avenida de la Libertad me trajo también muchos recuerdos, porque, cuando niño, por travieso, fui castigado severamente cuando trataba de cazar gorriones con mi “tiradera”.

El Parque, donde solía patinar en su paseo del centro, estaba completamente cambiado.   La glorieta no existía, y a su lugar original habían trasladado la Estatua de La Libertad, habiendo erigido un anfiteatro en su parte norte.

El colegio Wilmington, donde estudié hasta el cuarto grado no había cambiado en lo absoluto, por lo menos en su parte exterior, que fue la única que pude observar..    El Fuerte de La Loma, se encontraba incólume a través de los años.     El  Malecón y la calle Enrique Rosende aún mantenían su tradicional grandeza, y el resto del pueblo, aunque con nuevas y modernas edificaciones, aún conservaba todo su esplendor, a pesar de que ya no contaba con la gran cantidad de molinos que le dieran su nombre de “La Villa de los Molinos”.

Fue para mí una experiencia muy grata volver al lugar donde vi la luz por primera vez, sitio de donde mi corazón nunca se ha apartado, aunque el resto del cuerpo se encontrara ausente..

He visto, con horror, la destrucción causada por el último huracán que azotó nuestra zona.  Las fotografías muestran con evidencia fidedigna el maltrato y la desolación causada por los elementos, todo lo cual trato de borrar de mi mente, pensando que es solo un mal sueño, una pesadilla de la cual despertaré.

Desdichadamente la realidad impera, y aunque es cierto que mi pueblo se encuentra casi destruido, mi mente se niega a aceptarlo, al funcionar el interno mecanismo de rechazo, que me permite ver a Puerto Padre, tal como la última vez que estuve allí.

Aunque la desidia del régimen imperante no haga nada por restaurarlo, ni vendan los recursos necesarios para que sus pobladores lo hagan, estoy absolutamente seguro, que el amor que todos tenemos por nuestro pueblo, logrará, en un futuro no muy lejano, en una Cuba al fin libre, que podamos reconstruir Puerto Padre, a todo su esplendor y belleza original.

Richard De La Rosa.

 

 

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