Papaviejo y Los Campaneiros
Por: ArtLab noviembre 30, 2008 Añoranzas de P.P. 2 Comentarios“Papaviejo y Los Campaneiros” (Copia de publicación en Soc.Culture.Cuba)
Mi abuelo, por parte de madre, era Andaluz. Fue a Cuba cuando tenía unos 18 años y murió teniendo casi 90. A su muerte, todavía conservaba el acento propio de su región, una aldea de los alrededores de Sevilla. Asimismo, mantenía el espíritu alegre y jovial de su tierra. Le gustaba la buena comida, el vino, la fiesta, la música, el buen chiste. Me dicen (las malas lenguas) que en su juventud también le gustaban las mujeres guapas y el juego. En fin que a mi abuelo “Papaviejo” (así lo llamábamos todos sus nietos) obviamente le gustaban todas las cosas que hacen la vida en extremo agradable.
Papaviejo era muy buen cocinero. Yo recuerdo que hacía un “arroz con bacalao” que era una cosa extraordinaria. El secreto de este plato estaba, según él, en tostar el bacalao crudo sobre un brasero antes de adicionarlo al arroz que, por cierto, también contenía pequeños trozos de papa y mucho pimientos verdes.
La gran ocasión anual, donde más se lucía mi abuelo, era en la Nochebuena. Muchos días antes, empezaba a traer para su casa los ingredientes de la gran cena. Todo se iba guardando en un gran armario que estaba en el comedor de la casa. Por cierto, el olor que emanaba de aquel armario, durante esa época, era algo que incitaba al delito. Más de una vez a mis primos y a mi nos sorprendieron “con las manos en la masa”, tratando de substraer anticipadamente una que otra avellana, nuez, u otra apetitosa golosina del gran armario.
El menú de la cena generalmente era una verdadera exageración:
- Ensalada de lechuga criolla, rábanos rojos y pepinos, con aderezo a la vinagreta.
- Arroz con pollo
- Fricasé de guanajo con papas
- Lechón asado
- Mojo criollo, para el lechón
- Casabe mojado, pan
- Frutas: Manzanas, peras, úvas, hígos, dátiles.
- Turrones: Alicante, Jijona, Yema, Mazapán. Membrillo.
- Dulce de naranja (hecho en la casa)
- Nueces, avellanas
- Quesos: Amarillo y blanco
- Vinos: Tinto y dulce
- Aperitivos: Anís del Mono, Cremas Marie Brizzard.
- Café Fuerte (primera colada) para los mayores. Claro (2da colada) para los menores.
Papaviejo no participaba en la confección de la cena pues ese día él tenía otras cosas en mente. Salía temprano en la mañana del 24, en plena actitud de zafarrancho de combate, y comenzaba su parranda navideña visitando a sus viejos amigos en el pueblo. Y así, unas veces se le podía encontrar en “La Asociación de Colonos” cuando no en “La Colonia Española” o en la bodega de Benigno Pereda o en la casa de algunos de sus viejos compinches de antiguas correrías. El caso es que no fueron pocos los jóvenes, que haciendo alarde de poder administrar bien el “cotunta” o el “paticruzao”, sucumbieron lastimosamente ante el “staying power” de Papaviejo.
Unas horas antes del comienzo de la cena, la familia comisionaba a un miembro juicioso para que saliera a “montear” al abuelo, por todo el pueblo, y rescatarlo de cualquier situación, no importa cuan comprometedora esta fuese. Y así, al cabo de un tiempo, llegaba a la casa mi abuelo, generalmente acompañado de una gran comparsa de socios parranderos. Estos invitados de última hora, a veces resultaban ser los personajes más inverosímiles. Lo mismo podía ser un viejo pescador, que un juez de valla de gallos que un carbonero. Una vez, se presentó con un marino mercante noruego que no hablaba una gota de español y al cual encontró ambulando desconcertado por el pueblo. La familia, desde luego ya estaba acostumbrada a estos comensales “adicionales” y siempre se hacían previsiones para los mismos.
Después de la cena todos nos reuníamos alrededor de Papaviejo para la parte estelar de la nochebuena que era cuando él cantaba “Los Campaneiros”. No sé el origen de este canto. Evidentemente era un tipo de “seguidilla” traída de su tierra y para la cual hacía falta la participación de un segundo, hombre o mujer, que le fuera dando “pié”. La cosa, según yo la recuerdo, iba así:
Abuelo – “Compadre yo soy sonaire…”
2do – “¿Que instrumentillo sabéis tocaire..?”
Abuelo – “Yo se tocaire los trompeteiros…”
2do – “¿Como se tocan los trompeteiros..?
Abuelo – “Taratatán los trompeteiros,
Compadre yo soy sonaire…..”
2do – “¿Que instrumentillo sabéis tocaire….?”
Abuelo – “Yo se tocaire los tamboreiros..”
2do – “¿Como se tocan los tamboreiros.. ?”
Abuelo – “Racataplán los tamboreiros,
taratatán los trompeteiros,
Compadre yo soy sonaire…”
Y así, se le iba añadiendo a la seguidilla, el “violinceiro”, el “guitarreiro” el “pianoleiro” y una larga lista de instrumentos todos los cuales tenía que imitar el abuelo, en el orden dado y sin olvidar ninguno. Al final había una ligera variante pero no la recuerdo bien. De todos modos la alegría que reinaba, entre todos los presentes, al final de los “campaneiros”, era algo que difícilmente se me pueda olvidar mientras viva.
En esta época, donde todos recordamos otros tiempos, otras Navidades felices de nuestra amada patria, pensé apropiado rendirle este pequeño tributo de recordación a mi querido “Papaviejo”, un hombre verdaderamente extraordinario que murió ya hace muchos años pero que continúa viviendo dentro de mi corazón.
A. Labrada
Miami, Navidades del 1996
PUERTO PADRE, REVIVIRAS COMO EL AVE FENIX
Por: El Manantial octubre 3, 2008 Temas de Actualidad Comentar
La última vez que estuve en Puerto Padre, fue en Septiembre de 1966, cuando fui a despedirme de los dos últimos tíos que me quedaban, Claudio y “Lito” Machado, así como el resto de la familia, incluyendo a mi primo, mayor, Rafael Ramón Llampay, porque, dejando a mi país subyugado por la tiranía comunista, me marchaba al exilio, En los Estados Unidos, ya me esperaban desde hacía casi seis meses, cinco hijos varones, el mayor de diez años de edad, el menor de solo uno.
No había tenido la oportunidad de volver Puerto Padre, desde mi infancia, a mediados de los años cuarenta..
Cuando uno es niño, visualiza todo desde otra perspectiva y tamaño, por cuyo motivo guardaba un recuerdo de la Iglesia Católica, (donde me bautizaron y recibí la primera comunión de manos del Padre Arrollave), cuyo tamaño, en mis recuerdos, me parecía mayor de lo que realmente era. Fue una gran sorpresa descubrir que no fuera tan grande como mi mente imaginaba, pero sí extremadamente bella, tanto en su estructura como, en su interior, con su hermoso púlpito redondo y su impresionante altar.
El hermoso Paseo de la Avenida de la Libertad me trajo también muchos recuerdos, porque, cuando niño, por travieso, fui castigado severamente cuando trataba de cazar gorriones con mi “tiradera”.
El Parque, donde solía patinar en su paseo del centro, estaba completamente cambiado. La glorieta no existía, y a su lugar original habían trasladado la Estatua de La Libertad, habiendo erigido un anfiteatro en su parte norte.
El colegio Wilmington, donde estudié hasta el cuarto grado no había cambiado en lo absoluto, por lo menos en su parte exterior, que fue la única que pude observar.. El Fuerte de La Loma, se encontraba incólume a través de los años. El Malecón y la calle Enrique Rosende aún mantenían su tradicional grandeza, y el resto del pueblo, aunque con nuevas y modernas edificaciones, aún conservaba todo su esplendor, a pesar de que ya no contaba con la gran cantidad de molinos que le dieran su nombre de “La Villa de los Molinos”.
Fue para mí una experiencia muy grata volver al lugar donde vi la luz por primera vez, sitio de donde mi corazón nunca se ha apartado, aunque el resto del cuerpo se encontrara ausente..
He visto, con horror, la destrucción causada por el último huracán que azotó nuestra zona. Las fotografías muestran con evidencia fidedigna el maltrato y la desolación causada por los elementos, todo lo cual trato de borrar de mi mente, pensando que es solo un mal sueño, una pesadilla de la cual despertaré.
Desdichadamente la realidad impera, y aunque es cierto que mi pueblo se encuentra casi destruido, mi mente se niega a aceptarlo, al funcionar el interno mecanismo de rechazo, que me permite ver a Puerto Padre, tal como la última vez que estuve allí.
Aunque la desidia del régimen imperante no haga nada por restaurarlo, ni vendan los recursos necesarios para que sus pobladores lo hagan, estoy absolutamente seguro, que el amor que todos tenemos por nuestro pueblo, logrará, en un futuro no muy lejano, en una Cuba al fin libre, que podamos reconstruir Puerto Padre, a todo su esplendor y belleza original.
Richard De La Rosa.
La Destrucción Causada por Ike.
Por: ArtLab septiembre 9, 2008 De Interes General 3 Comentarios
Vicente García y Malecón Mirando Hacía La Playita
Estimados coterráneos y amigos:
De todos seguramente es conocida la estela de destrucción que el huracán “Ike” ha dejado por casi todo el territorio de nuestra patria. Todo indica que los daños en Puerto Padre y zonas aledañas han sido considerables ya que el meteoro impactó casi directamente esa zona.
La magnitud de los daños en nuestro pueblo, sin embargo, aun esta por cuantificarse y verificarse ya que las comunicaciones lógicamente están seriamente afectadas. Muchas personas nos han escrito ansiosas de conocer cualquier noticia referente a nuestro pueblo.
Por tal motivo, y con el solo propósito de mantener informados a nuestros compatriotas, hemos decidido ofrecer las paginas de Puerto Padre Histórico para que sean un depositario de todas las noticias o datos que se pueda obtener con relación a la situación actual de nuestro terruño.
Hemos creado en nuestro “Álbum del Recuerdo” un álbum dedicado exclusivamente a imágenes relativas a los daños que se han verificado en Puerto Padre.
Asimismo, nuestro “Blog de Puerto Padre” esta abierto para la publicación de cualquier material, textual o grafico, que se quiera presentar por cualquier persona que este dispuesta a informar objetivamente sobre la situación que vive nuestro pueblo.
Para someter cualquier material, pueden dirigirse a Arístides Labrada, en la dirección electrónica: artlab@bellsouth.net
Por favor use la sección de comentarios de esta entrada para someter cualquier información de interes general para los puertopadrenses.
Les rogamos a todos que contribuyan a este esfuerzo, en la medida de sus posibilidades, pero siempre manteniendo la más estricta objetividad en el material que se presente.
Quedamos de Uds., con nuestras anticipadas gracias por la ayuda que puedan brindarnos,
Muy cordialmente,
Arístides J. Labrada
Webmaster – Puerto Padre Histórico
Nene y el Lechón
Por: admin julio 21, 2008 Anécdotas Comentar
Alberto Luis Arce quería celebrar un importante evento para lo cual había organizado una gran cena en su casa.
Debido a que el menú incluía el ubicuo lechón asado, Alberto Luis había contratado los servicios de Nene La Luna para todo lo relacionado con la preparación de este importante elemento de la cena.
Todo había marchado a las mil maravillas en las labores encomendadas a Nene, al punto de que ya el lechón se había entregado a la panadería de Cortez y estaba en proceso de ser asado.
Mientras esperaban por el momento apropiado para ir a buscar el lechón, Alberto Luis, con la cordialidad que siempre le caracterizaba, para premiar a Nene por la buena labor que estaba realizando, lo invitó a que se tomara un trago.
Nene protestó con tono profético: “.. nooh, Ahbeto Uiss, ‘quehn ñyoo meh ‘ohnosco..” Sin embargo, la insistencia del anfitrión, venció su precaria resistencia y se dio el primer “cañangazo”. Fatídicamente esto se repitió varias veces, pero siempre bajo la misma admonición de Nene.
Cuando llegó la hora de ir a buscar el lechón para comenzar la cena, Nene ya navegaba con varios “tablones bajo el agua”. Esto trajo por consecuencia que, cuando el panadero le entrego aquel apetitoso manjar, Nene cambiara sus planes drásticamente.
Y así sucedió que, tras Nene cursar una apresurada invitación a un grupo selecto de sus mas confiables compinches de viejas correerías, se fueron todos a un refugio apropiado, donde disfrutaron espléndidamente del lechón, en una tremenda cumbancha que duro hasta altas horas de la noche..
Al otro día, en la tarde, Nene se presentó valientemente ante Alberto Luis. Su alegato defensivo fue breve, conciso y de una lógica inexpugnable:
“… ñyoo seh lo dencía, Ahbeto Uiss, quehn ñyoo meh ‘ohnocía… “
———ooOoo———
Nuevos Artículos
Por: ArtLab mayo 26, 2008 De Interes General 3 Comentarios
Hemos recibido dos excelentes artículos relacionados con Puerto Padre:
1. El Cayo Juan Claro – Richard De La Rosa nos transporta a un rinconcito muy querido de los Puertopadrenses.
2. Breve Reseña Histórica de Puerto Padre. – Miguel Leyva Ramos presenta interesantisimos datos sobre la historia de nuestro pueblo.
Debido a que ambos artículos son algo extensos, en lugar de presentarlos en nuestro blog, los hemos publicado en la sección “Galeria Villazulina” de Puerto Padre Histórico.
No se los pierdan !
Asalto en La Anacahuita
Por: El Manantial mayo 6, 2008 Anécdotas ComentarAsalto en la Anacahuita
Por “El Manantial”
Puerto Padre siempre fue una ciudad muy tranquila, donde la delincuencia era casi desconocida y no se efectuaban asaltos a sus ciudadanos, con una excepción, que le sucedió, o mejor dicho, “fue invento” de un personaje muy popular en nuestro querido y nunca olvidado pueblo; conocido por dos apodos, “Guaguancho”, o “Nene La Luna”.
Hace muchos años, cuando él era aún muy joven, acostumbraba concurrir casi todas las noches, a las casas de lenocinio en los márgenes de nuestra ciudad, donde, después de darse algunos tragos, siempre buscaba “bronca”, regresando a su casa, sin excepción, con la ropa hecha jirones.
Cansado de esa práctica, su padre le advirtió que la próxima vez que eso sucediera, iba a gastar, rompiéndola sobre su lomo, una pila de leña que tenía en el patio de la casa.
Nene, sabiendo que el progenitor de sus días siempre cumplía lo prometido, se alejó de esos lugares por algún tiempo, temiéndole a la prometida paliza.
Como dice el dicho, “perro huevero, aunque le quemen el hocico”, una noche no pudo resistir la tentación y reincidió, y al volver a las andadas, sucediendo lo mismo de siempre.
Sabiendo lo que le esperaba al regresar a la casa, en la famosa “anacahuita”, muy cerca de su hogar, comenzó a gritar : “Aujilioooo” “Jocorroooo”………. “Aujilioooo”, “Jocorroooo”.
Cuando al fin, pasado un buen rato llegaron sus familiares a “rescatarlo”, les dijo sin inmutarse: -“Ajora” “ej” que “mienen”, “ña” “ej tajde” “ponque” “loj” “ajaltantes” “je” “fuenon” y “minen” como me han “ejao”.
El Ultimo Molino
Por: ArtLab abril 27, 2008 Añoranzas de P.P. 1 ComentarioEl Ultimo Molino

Hace unos días recibí, de un buen amigo mío, la foto que encabeza a este escrito. ¡Que título más apropiado para una novela, o para una película! Y que escena tan tristemente impactante para los puertopadrenses, por lo menos para los que, como yo, se entristecen cuando se enteran de la desaparición de algún elemento histórico de nuestro pueblo. Lo que la foto muestra representa el último vestigio, no solo de una era, sino de lo que llegó a ser un símbolo icónico de nuestro terruño. Los molinos de viento de Puerto Padre dieron lugar a que nuestro pueblo fuera bautizado con el apropiado apodo de “La Villa de Los Molinos” para competir con el otro, no menos válido titulo: “La Villa Azul”.
Cuando yo era muy pequeño, mi primer objeto de admiración por las cosas mecánicas fue un viejo molino que se erguía majestuoso en el patio de la casa de mis abuelos. Aquel complicado y maravilloso conjunto de angulares atornillados, rueda con aspas, mecanismo con engranajes, veleta y tubos, constituía un motivo de curiosidad perpetua y mi adicción era tal que pasaba largos ratos admirando su funcionamiento.
Uno de los primeros héroes de mi niñez fue, por algún tiempo, un popular personaje que se dedicaba a trabajos de plomería y era especialista en arreglar molinos. “El Yigre” cautivó mi admiración el memorable día que respondió a una llamada de mi abuelo, para que le diera mantenimiento a su molino, cosa que no ocurría muy frecuentemente. El experimentado técnico llegó con sus largas “llaves inglesas”, sogas, aparejos, y otros útiles de trabajo y, demostrando un valor asombroso, subió ágilmente la imponente escalerilla de la torre hasta la precaria plataforma de acceso, situada debajo del mecanismo que convertía el movimiento rotatorio de la rueda de aspas a la acción reciprocante que movía el émbolo de la bomba, en las profundidades del pozo.
Mi admiración por El Yigre dio origen a que yo tomara, en ese entonces, la firme determinación de convertirme en mecánico de molinos, cuando fuera más grande. Ese compromiso duró hasta que, algo mas tarde, conocí a Plácido quien era el chofer de uno de los pocos camiones del pueblo. Plácido y su formidable camión fueron la causa de que yo, no solo añadiera un nuevo miembro a mi lista de admirados héroes, sino que también alterara mis planes en cuanto a lo que definitivamente sería mi futura carrera en la vida: Chofer de camión. Mi amor por los molinos, sin embargo, permaneció incolume.
Cuando tuve edad para sentir inquietud por asuntos más espirituales y esotéricos (unos 9 años), tuve algunas experiencias relacionadas con los molinos que merecen ser mencionadas. Esto requiere una explicación previa sobre su funcionamiento:
Uno de los elementos importantes de un molino es su veleta. Esta consiste de un brazo horizontal en uno de cuyos extremos esta fijada una lámina metálica, de forma triangular o trapezoide, y el otro extremo está conectado al mecanismo central que permite que el conjunto gire libremente en todas las direcciones en el plano horizontal. Estando la veleta normalmente posicionada perpendicular al plano de la rueda de aspas se logra que esta última siempre presente su cara frontal al viento, no importa de que dirección esté soplando.
Hay ocasiones cuando se requiere que el molino deje de funcionar, es decir que sus aspas dejen de girar y por consiguiente el molino se pare. Las razones para esta paralización, casi siempre temporales, pueden ser, bien que el tanque de depósito de agua ya esta lleno o que haya demasiado viento, o cualquier otro motivo momentáneo de tipo mecánico o de seguridad. Para esto, existe un cabrestante cuyo cable va conectado a un mecanismo abisagrado que permite, desde el suelo, plegar la veleta en forma tal que cause que la rueda de aspas presente al viento reinante no su cara frontal sino su borde periférico, esto causa que las aspas dejen de girar y el molino se para.
Ahora bien, resulta que, cuando un molino se encuentra en ese modo de no-operación, sus aspas no giran pero el conjunto completo de rueda, mecanismo y veleta si puede girar en el plano horizontal, según se produzcan cambios en la dirección desde donde sopla el viento. Esto, sobre todo cuando el mecanismo de giro está algo falto de grasa (cosa frecuente), causa que el molino emita, ocasionalmente, ruidos metálicos que resultan muy peculiares y enigmáticos, mas aún, si se escuchan en la quietud de la noche.
Y así sucedía que, en aquellas noches cuando el sueño tardaba en cerrar mis ojos, y esto coincidía con que algún molino cercano estuviera provisionalmente parado, los sonidos que este producía, en los momentos menos esperados, eran objeto de innumerables interpretaciones y conjeturas, productos de mi infantil e hiperactiva imaginación. En ocasiones pensaba que esos molinos aprovechaban la oscuridad de la noche para impersonar a severos maestros con el fin de regañar a todos los niños del barrio que se habían portado mal durante el día. Otras veces, los ruidos me parecían ser tristes alaridos y lamentos y yo me cuestionaba cual podría ser el motivo de aquellas quejas de unas máquinas que para mí eran perfectas.
Hubo otras ocasiones en las cuales, encontrándome en el medio de una horripilante pesadilla, el afortunado “grito” de un molino acudía a despertarme, en el instante preciso cuando estaba a punto de ser alcanzado por mis maléficos perseguidores o de caer por un aterrador abismo. Lo más intrigante era que el fortuito grito del molino, que me hacía despertar, siempre coincidía con mí desesperado grito en la pesadilla, y yo me preguntaba como era posible que el molino se enterara tan oportunamente de mi desagradable infortunio.
Estas deliberaciones filosóficas sobre los ruidos causados por los molinos, y sus insondables razones y propósitos, persistieron por algún tiempo hasta que al fin, una noche memorable, de evidente iluminación, teniendo en cuenta que los ruidos ocurrían solamente cuando los molinos estaban parados, llegué a la trascendental conclusión de que sus gritos y alaridos, en la apacible calma de la noche, eran en realidad sus vigorosas expresiones de protesta ante la aplicación de la, para ellos, injusta medida que impedía que sus aspas giraran libremente.
En el 1951, con 20 años de edad, regresé a Puerto Padre, después de 7 años de ausencia en los EE.UU. Para ese entonces, el número de molinos, que en una época se contaban por cientos, comenzaba a declinar ante el ímpetu de nuevas tecnologías. El viejo “Yigre” paulatinamente fue cediendo espacio al dinámico “ Kinde” Sanchez, quien se dedicaba a instalar turbinas eléctricas. Algunos molinos, reemplazados por las más eficientes instalaciones, fueron impiamente desmantelados. Otros, cuyos dueños quizás conservaban algún sentimiento de agradecimiento por los años de servicio cumplido, sencillamente los jubilaban y estos permanecían parados, sin mantenimiento y expuestos a la acción corrosiva del salitre que eventualmente, algo piadosamente postergado, hacía necesario su inevitable desmantelamiento.
En el 1962, ante la inminencia de mi salida del país camino al exilio, fui a despedirme del viejo amigo de mi niñez, el molino de mi abuelo. Para ese entonces, la vieja casa había cambiado de dueño y me vi obligado a disfrazarle, un tanto, al nuevo propietario, el verdadero motivo de mi visita. Cuando estuve frente a la torre del molino, de inmediato recordé una escena casi olvidada de mi niñez. En ella estaba mi abuelo regañándome severamente cuando me sorprendió trepando por la escalerilla del molino, casi hasta la alta plataforma. Por cierto, en esa ocasión, de nada me sirvió que le explicara a mi abuelo que yo estaba destinado a seguir los pasos del Yigre.
Continué mirando aquel antiguo objeto de mi admiración con la esperanza de ver con ojos de (la ya perdida) inocencia y de sentir, con corazón de niño, las dulces vivencias de tiempos pasados, pero no lo logré. Sin embargo, recordé vividamente mis deliberaciones filosóficas, en mis ratos de infantil insomnio, sobre las razones que llevaban los molinos a quejarse y esto me hizo levantar la vista hasta donde la vieja rueda de aspas, ya algo maltratada por los años, giraba alegremente, con el cielo azul celeste de trasfondo, arrancándole con cada giro intermitentes destellos al sol mañanero. Esto fue motivo para considerarme más que recompensado en mi visita y me sentí feliz. Le di simbólicamente a mi viejo amigo un abrazo y le prometí solemnemente que, si Dios me lo permitía, regresaría a verlo… algún día.
Pasados los años, resulta verdaderamente irónico que el dueño del último molino que queda en pie en La Villa de Los Molinos, sea precisamente Kinde Sanchez, la persona que de cierto modo y por razones coyunturales, fue partícipe indirecto en el proceso de desaparición de los molinos. Sin embargo, conociendo como conocí a Kinde, tengo la plena seguridad de que el hecho de que su molino se haya mantenido en pie hasta este momento es un testimonio más que elocuente de que él estaba plenamente conciente del indudable valor simbólico del mismo.
Si algún día, mi sueño de regresar a Puerto Padre se hace realidad, estoy seguro que, cuando llegue la noche y ponga mi cabeza sobre la almohada para descansar, todos mis sentidos, indudablemente algo atenuados por la edad, en lo físico, pero en lo espiritual posiblemente agudizados por la sensibilidad que se puede haber ganado a lo largo de la vida, estarán atentos y a la expectativa, con la quimérica esperanza de escuchar, quizás por ultima vez, las melancólicas quejas de los viejos molinos de mi pueblo, que en la quietud de la noche se niegan a aceptar la injusta prohibición a que sus aspas giren libremente, impulsadas por la suave brisa nocturnal de nuestra amada villa.
Arístides J. Labrada
Miami, Primavera del 2008
Presentación y Saludo
Por: El Manantial abril 26, 2008 De Interes General 1 ComentarioEstimados coterráneos:
Mi nombre es Richard De La Rosa Machado. Nací en Puerto Padre, y aunque mis padres se trasladaron a La Habana cuando yo era niño, jamas me olvidé (ni lo haré hasta mi último aliento) de mi pueblo natal.
Como estoy retirado, y me sobra tiempo, he decidido cooperar con el blog de Puerto Padre, en calidad de “Autor”, con anécdotas y otros escritos. Espero que les gusten, aunque sean de épocas viejas, desempolvadas del guardarropa del recuerdo, porque mis memorias de la Villa Azul son de los años treinta, pero quizás pudiera agregar otras mas recientes, escuchadas a amigos y familiares.
Un saludo a todos mis coterraneos, que, gracias a los adelantos cibernéticos nos podremos comunicar por la via del blog.
Richard
Nuestro Primer Artículo
Por: admin abril 15, 2008 Añoranzas de P.P. 10 ComentariosEl propósito de nuestro primer artículo en este blog necesariamente ha de ser el de enviarle un cariñoso mensaje de saludo y dedicatoria a los Portopadrenses que, diseminados por todo el planeta, y a pesar de largos años de ausencia, conservan aun en sus corazones un espacio muy especial dedicado a la memoria de la tierra que los vio nacer.
Fernando García y Grave de Peralta, en otras épocas, escribió muy elocuentemente:
San Salvador querido,
florecido rincón de mis amores,
donde las brisas, sin cesar nos traen
suaves efluvios de los viejos bosques,
donde es más claro el sol de la mañana
y más dulce el remanso de la noche,
donde la mar tranquila es un espejo
que entre los mangles, tímida se esconde,
donde cantan las ondas en las playas
de música dulcisima el acorde:
a ti, en mi ocaso, te dará mi lira,
las notas de sus últimas canciones,
y abrirá para ti, con toda el alma,
de mis recuerdos el oculto cófre
Desde la época del poeta hasta hoy, muchos han sido los hijos de nuestro pueblo que han ofrendado las notas de sus últimas canciones a la patria sufrida y lejana, en tierras extrañas, tras la espera de un regreso que nunca se materializó. Para los que ya no podrán ver nunca mas, con ojos terrenales, la mar tranquila que entre los mangles tímida se esconde, así como también para aquellos que aun atesoran de sus recuerdos el oculto cofre, para todos ellos, en homenaje de reconocimiento, dedicamos este humilde lugar de reunión y depositario de ideas de los Portopadrenses.
Un abrazo cordial para todos,
Aristides J. Labrada
Administrador del Blog de Puerto Padre
Webmaster de Puerto Padre Histórico
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