"Puerto Padre" - por Fernando Garcia y Grave de Peralta


San Salvador querido,
florecido rincón de mis amores,
donde las brisas, sin cesar nos traen
suaves efluvios de los viejos bosques,
donde es más claro el sol de la mañana
y más dulce el remanso de la noche,
donde la mar tranquila es un espejo
que entre los mangles, tímida se esconde,
donde cantan las ondas en las playas
de música dulcisima el acorde:
a ti, en mi ocaso, te dará mi lira,
las notas de sus últimas canciones,
y abrirá para ti, con toda el alma,
de mis recuerdos el oculto cófre.

A ti llegué, soldado,
de la Patria ya libre en los albores,
cuando ya no vibraban en los aires
las notas estridentes de los bronces,
cuando la faz bajaban los tiranos
y guardaban silencio los cañones,
cuando vencidos, humillados, eran
barridos de los pueblos y los montes,
cuando volvian al cubil, cual fieras
acosadas por recios domadores.

Y me sentI tan tuyo,
y te amé tanto al pronunciar tu nombre,
que creí que eras toda mi existencia,
que eras la paz venciendo mis dolores,
que eras tal vez mi luz y mi esperanza,
mi razón de vivir, y de ser hombre.
Con el alma en suspenso
te contemplé admirado, y desde entonces
te consagré, con el esfuerzo mio,
pensamiento y acción, entera y noble,
hurgué en tu historia, nebulosa y vaga,
llena de incertidumbres y de errores,
coronada de luz y sacrificios
que hasta tus mismos hijos desconocen.

Y descorrí los velos
para resucitar, entre visiones,
aquel amanecer, que contemplara
clavadas al azul del horizonte,
de las tres carabelas la llegada
llenas de aventureros españoles;
y más tarde el llegar de rudas gentes
al firme galopar de sus bridones,
el incendio, y el crimen, y el pillaje,
de sangrienta conquista en los horrores,
tus siglos de abandono y de ignominia,
ignorados del mundo y de los hombres.

La vida de tus indios
vivió de nuevo, llena de fulgores,
en mi cerebro luchan las ideas,
mi pensamiento audaz, avanza y corre,
y los tupidos velos del pasado
ante mi firme voluntad se rompen.

En tu rincon amable
el perfume aspirando de tus flores,
suspirando feliz, hallé el remanso
del turbulento mar de mis pasiones,
hallé un pecho gentíl, que comprendiera
la recia intensidad de mis amores,
y juntos, en la aurora de la vida,
confundiendo esperanzas e ilusiones,
en una noche, plácida y serena,
el hogar levantamos, en que ponen
el toque perennal de su alegría
y el amor de sus tiernos corazones,
los hijos, que llenaron nuestra vida
con el perfume eterno de los dioses.

San Salvador querido,
no te puede olvidar quien te conoce,
porque diste a las luchas de la Patria
de tus valientes hijos los mejores,
porque fuiste en el curso de los tiempos
luz que surge de negros nubarrones,
parentesis que encierra, entre dos fechas,
de la historia de Cuba los honores,
la una, en que te ungieron a su yugo
esclavistas malvados y feroces,
la otra, en que se alzaron sobre el cielo
de Libertad los fulgidos pendones,
y mas que todo, por el tierno asilo
que me ofreciste, acogedor y noble,
por ser la hermosa cuna de mis hijos
y tierra del hogar de mis amores.

Sometido por el Sr. Alfredo Martínez

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