"Remembranzas de Nuestro Puerto Padre" - -por Ulises Lluch.

En la Cuba republicana de las dos primeras décadas, solían celebrarse en nuestro terruño los días de la patria, tales como el 24 de Febrero, 20 de Mayo y 10 de Octubre, con fiestas populares, en las cuales el pueblo se desbordaba lleno de alegría y se sentía feliz, pues eran libres de las cadenas de la madre patria y no había extranjero que los esclavizara ni había que obedecerla a ningún testaferro. Así esperaban ansiosos en nuestro terruño esos días de fiestas los que empezaban a las 4 a.m. con la diana que tocaba la Banda Municipal, dirigida por Juan Márquez, tocando en todas las esquinas para despertar al vecindario. Por cierto que la gente sacó un cantico que decía:

Levántate Juanillo que las 4 son
Que ahí viene Don Juan Márquez con su batallón
Déjalo que venga, déjalo venir..
Mándalo a la porra y déjame dormir.

Engalanaban la calle Real con pencas de coco y a las 6 a.m. aquello ya era un hormiguero de gente; unos a caballo, que venían de lugares cercanos y los demás a pie, excepto muy pocos que se podían dar el lujo de montar en los muy pocos automóviles que entonces había, o sean, el de Antonio Estrada, el de Juan Pisonero y Feliciano Rodriguez, y el de Pancho Peña.

La banda Municipal tocaba el Himno Invasor para satisfacción de los veteranos y la gente se preparaba para presenciar mas tarde el desfile de los muchachos de los colegios, que iban a plantar arbolitos en varios lugares.

A las 10 de la mañana, gran cucaña en el muelle, con palo ensebado, el que amarraban al muelle en forma horizontal, a cuyo extremo, que quedaba fuera de muelle y con el agua a varios pies abajo, amarraban un jamón, de manera que los que aspiraban al premio, tenían que resbalar por el palo, cayendo al agua, hasta que quitaban e cebo del palo con los pies y así podían llegar caminando hasta la punta y desprender el jamón bajo la gritería y aplausos de la gente y el ruido atronador de los cohetes, disparados por el pirotécnico Julian Nápoles. Ya a las 12 m. la fiesta continuaba en la calle 14 de Febrero, con otro palo encebado, vertical; las carreras de saco, las del porrón lleno de anilina; la de la sartén, con una peseta pegada al fondo bien tiznado, la cual tenían que despegar con los dientes y sin sujetar.

Luego las carreras de cintas, en la calle Real, para que los jinetes que corriendo desprendían las cintas que en una argolla pendían de un alambre colocado de un extremo a otro de la calle se ganaran el premio consistente en una moña de cinta, que les colgaban en el pecho las madrinas, que por lo regular eran las muchachas más bonitas del pueblo.

Habían algunos personajes populares que se paseaban en medio de la gente con sus disfraces. Los mas originales era, el disfrazado de caballo, el cual consistía en un caballo hecho de tela, con el jinete metido en el centro del mismo y que forraban con tela hasta abajo, de manera que no se vieran los pies de jinete. También se disfrazaban de bailadoras, o sea que el bailador se pegaba al cuerpo una muñeca de trapo y que simulaba estar bailando. Luego venia el disfrazado de gallo, con el hombre metido en el gallo. Los que sobresalían en estos disfraces eran: Joseíto Guerra, el maestro Coca y el maestro José María. A las 8 p.m. retreta en el parque de la Independencia por la banda Municipal con bailes populares y fuegos artificiales. A las 10 p.m. bailes en el Liceo, que entonces estaba en al Ave. de la Libertad. También en la Colonia Española y en la nueva Estrella de Maceo.

Aporte de "El Portopadrense", Organo informativo de la Agrupación Social Portopadrense, Inc.

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