"A La Orilla Del Mar En Puerto Padre" - Por Leonardo Gisbert

Los días comienzan en Diciembre, de esa forma especial,
solo después de algunas semanas de frío, cuando la temperatura
aumenta y el lijero calor de ese segundo y fugáz verano
altera el ánimo y produce una incierta sensación de inquietud en el cuerpo.

En este tiempo, vuelven a aparecer durante las horas de sol
las camisas lijeras y, la gente camina más lentamente en los paseos
vespertinos.

Frente al malecón del puerto se puede ver a algunos transeuntes
a los que el viento marino comienza a mover la ropa y despeinar
los cabellos, al soplar de nuevo para adueñarse de la noche.

Una hora en que, a la media luz crepuscular, se retiran quien
sabe adonde, las últimas gaviotas y alcatraces, después de una última
zambullida en busca de algun pececillo aún visible bajo la superficie.

Es en estos dias cuando se produce el gran espectaculo. La
luna llena al salir por detrás de Cayo Juan Claro, créa con su rielar,
una forma de guitarra vírgen, sin sonido, que espera durante una hora
aproximadamente a alguna barca tardía, que la atraviese haciendola vibrar
a su paso, lo que a pesar de suceder en raras ocasiones, espero siempre,
sentado bajo el pino de la orilla, junto al muelle grande, sintiendo
las olas llegar hasta sus desnudas raices. Cosa esta que lo hace temblar,
pronosticando desde hace años, su caída dentro de esa aguaya
sin brillo, cuando me voy a dormir.

Aporte del Sr. Alfredo Martínez

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