!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-transitional.dtd"> Las Hermanas Marquez
 
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Las Hermanas Marquez
 


Caridad (Cusa) (IX/1921 ó 22); Albertina (Trina) (21/I/1924) y Nerza (23/ III/ 1925) todas en Puerto Padre, Oriente. El padre era guitarrista y percusionista, y su madre escribía letras de canciones. Fueron 14 hermanos. Desde muy pequeñitas Trina y Cusa aprendieron guitarra y para 1933 tienen formado el trío que actúa primero en su pueblo, en los aledaños y después en Santiago donde empiezan a hacer radio. Son tres voces frescas, dulces, que dicen con todo el sabor de Oriente guarachas, sones y boleros. Acompañándose de guitarras, primer trío de voces femeninas formado en América, al parecer. Hacen giras por toda la provincia, y la fama llega a La Habana donde debutan en 1940 en la emisora CMQ. Están en las manos del mejor empresario cubano de aquellos tiempos, Heliodoro García, que les va construyendo una bonita carrera en teatros y cabarets, y después viajes a Puerto Rico y Santo Domingo que se prolongan pues tienen muy buena aceptación. Hacen sus primeras grabaciones en 1941, solas y también acompañadas por la orquesta de Mariano Mercerón. Siguen viajando en años sucesivos; Miami, México, donde intervienen en la película “Pervertida” y graban también. En 1949 Nerza se retira por casamiento y entra en su lugar Olga (4/XII/1932). Van contratadas por cuatro semanas a Nueva York y en 1951 deciden quedarse para siempre. Trabajo no les faltó, pues son igualmente aceptadas por latinos y sajones que disfrutan de su chispeante alegría, de su sabor criollo. Ahora es Olga la que sale por casamiento y regresa Nerza. En 1965 graban un Lp las cuatro. Hay un largo intermedio porque se enferman los padres y hay que cuidarlos hasta su muerte. Pero la más persistente del grupo, Trina, vuelve a las tablas nuevamente en 1990 con su hermana Nerza, y siguen cantando y tocando, tan campantes. Trina es además destacada compositora.

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Lo que sigue es un excelente articulo, por el notable periodista Armando Lopez.

LA VIDA A RITMO DE GUARACHA
Las Hermanas Marquez -- De Puerto Padre a Nueva York, medio siglo de musicalidad.

Se habla mucho del son cubano. ¿Y de la guaracha qué? Suenan las maracas, la guitarra, y un saxo y un clarinete inconfundibles: Paquito D'Rivera presenta a Las Hermanas Márquez. El siete veces ganador del Grammy nos devuelve en un disco de colección a las octogenarias guaracheras que en los años cuarenta contagiaron a La Habana con su alegría, desde principios de los cincuenta sembraron la cubanía en Nueva York, y más de medio siglo después, se presentarán en el World Music Festival 2004, de Cáceres, España, ante 20.000 personas.

Las Hermanas Marquez en la actualidad.

Cuando Las Márquez, entonces un trío de esculturales mulatas, debutaron en el exclusivo Chateau Madrid de La Gran Manzana, en 1951, y caminaron por Times Square, del brazo de los pianistas Felo Bergaza y Juan Bruno Tarraza, su madre, que no les perdía ni pie ni pisada, exclamó: "De aquí no me voy más, esta es la ciudad para mis hijos". Y así fue. Las consentidas de CMQ Radio y de las revistas del Teatro América firmarían contrato con el judío Bert Jonas, representante del astro Sammy Davies Jr., por ocho años consecutivos. Cuba recibía miles de inmigrantes cada año. Muy pocos cubanos emigraban. Pero los músicos cubanos sí. Las señoritas al piano aún veían con recelo a los negros tambores.

Nueva York baila música cubana

—Nos hospedamos en el Hotel Alvin, calle 52 y Broadway, donde paraban todos los artistas hispanos —recuerda Trini Márquez—. Nos colgamos aretes insólitos, les abrimos las costuras a los vestidos para mostrar las piernas, y Olga cargó la tumbadora mientras cantábamos y bailábamos como un ciclón La mazucamba es la rumba, que se baila con cencerros y timbales, señores… ¿Quién se resistía? Compartimos cartelera en el Palladium con las tres grandes orquestas del momento: Machito y sus AfroCubans, y los puertorriqueños Tito Puente y Tito Rodríguez.

Cantamos semanas en el Roseland, el Savoy, La Conga; alternamos con el ciego de oro, Arsenio Rodríguez. Entonces no se hablaba de latin jazz, se llamaba música cubana. Y los que más bailaban y tocaban nuestra música, eran los puertorriqueños y los judíos. Los ritmos cubanos lograron el primer crossover. Dizzie Gillespie incorporó la rumba con Chano Pozo. En el Roseland, los judíos celebraban semanalmente un concurso de cha cha chá.

El implacable ataque del amor

—Nos presentamos con Mr. Babalú, Miguelito Valdés, en el teatro Palace de la calle 47, y en el famoso Apollo de la calle 125 —continúa Trini—. En el estelar programa de TV de Astor Godfrey, nos vestimos de flecos y movimos las caderas para elevar la temperatura. Nos valió un jugoso contrato para el Canadá. No salíamos de Ottawa, Montreal, Toronto. Viajábamos todo Estados Unidos. Pero a Miami volvimos con reservas.

Recordábamos 1948, cuando Nerza, la más blanca del trío, se bajó a rentar la habitación, para que pudiésemos entrar mamá, Cusa y yo. El racismo era humillante. Del Lucerne de Miami Beach volamos al Dunne de Las Vegas y a Atlantic City. Estábamos en la cima, cuando el amor atacó por segunda vez al trío. Fue Olga, la pollita, la que se enamoró. Su última actuación, con seis meses de embarazo, fue en el Roseland (1958). Cusa no quiso entrenar a más nadie. Se retiró a una oficina. Me quedé sola. Desorientada. Me dediqué a cuidar a mis padres, a componer música y a recordar…

El columpio de Puerto Padre

—La casa era de madera y techo de zinc, olía a mar —nos cuenta Trini Márquez, achicando sus ojos que cumplen 82 años—. En el patio había un columpio enorme bajo una mata de guásimas. Allí se sentaban mis ocho hermanas y tres hermanos, a mecerse y vernos cantar, desde que teníamos tres años. Mi padre era sastre. Pero tocaba la guitarra y el trombón, y mamá cosía pantalones, y componía boleros y guarachas.

Hermanas Marquez


Trío Las Hermanas Márquez: años cincuenta.

Una noche nos presentamos el trío de las mayores (14, 15 y 16) y el de las chiquitas (6, 7 y 8) en una velada en el teatro Aldana. A las mayores se les fue un gallo (desentonaron), y mi papá les dijo: "Mi'jitas, yo creo que ustedes, no sirven". A las chiquitas, con nuestras batas bordadas con casitas, paticos y pollitos, nos llevaron a comer helado. Dos años después, nos presentamos en el Teatro Oriente de Santiago de Cuba. Nos anunciaron como "Las Hermanitas Márquez". Y parece que gustamos, porque no paramos hasta La Habana.

 

 

Un merengue para Trujillo

—En 1940, la Competidora Gaditana nos contrató para anunciar sus cigarros por los 36 barrios de La Habana y nos llevaron a la CMQ, donde caímos de pie. Teníamos los mejores patrocinadores: Crusellas y Bacardí. Pero mamá seguía vistiéndonos igualitas.

De mayor a menor: Cusa, Trini y Nerza. Decían que éramos trillizas —afirma Nerza, con 81 años y una simpatía que desborda—. Así nos presentamos en los mejores teatros, en las revistas del América y del Martí, con Garrido y Piñeiro. Y luego, a viajar el Caribe.

En Puerto Rico tuvimos todo un año nuestro programa de radio, y grabamos para la RCA Víctor. De ahí navegamos a República Dominicana y a Haití, donde nos aprendimos un merengue en patois. Y Cusa, despistada, se lo dedicó al que creía el presidente de Haití: "Este merengue es para el Generalísimo Trujillo". ¡La que se armó! La gente de Duvalier, gritando: "¡No! ¡No!". Y a correr para La Habana, a cantar en cinco conciertos del maestro Lecuona, junto a Rita Montaner, y a grabar en los estudios de Radio Progreso.

Cantinflas le canta a la luna

—Del 44 al 45 fuimos a México. La prensa anunció: "Vienen Las Hermanas Márquez, vamos a ver si son tan buenas como dicen". Pues, cuando se descorrió la cortina y vieron pintado El Morro de La Habana, enloquecieron. Trabajamos con Tin Tan, Toña la Negra, Pedro Vargas —Trini agarra de nuevo la batuta—. Una noche, Cantinflas nos llevó en su avión a Sinaloa para que le cantáramos a la luna. Nos gestionó la película Pervertida, que nos valió un viaje a Venezuela. Y de ahí a La Habana, para sufrir el primer ataque del amor: Nerza se volvió loca con un flaco feísimo y abandonó el trío.

—Lo conocí en la Rinquincalla —confiesa Nerza—, una vidriera de cigarros, café y caramelos que Trini tenía en nuestra casa, en Franco entre Benjumeda y Desagüe. Como tantos cubanos, era machista, no quería una mujer artista. Me encerró con tres llaves.

—Por suerte Olga, la hermana más chiquita, tenía la misma chispa que Nerza —cuenta Trini—. Cusa la entrenó. La anunciamos así: "Y ahora, Las Hermanas Márquez con el pollito". ¡Arrebató! Con Olga aterrizamos en Nueva York.

¿Por qué la quincalla, no ganaban lo suficiente?

—En La Habana de los cuarenta —aclara Trini— del arte sólo no se podía vivir. Además, no era fácil ser mujer y artista. Era mal visto. Y si además eras mulata, te estampaban la etiqueta de fácil. En las orquestas, si había algún negrito trataban de esconderlo detrás de la cortina. Y en las sociedades, los entraban por el fondo. Por eso, nos quedamos en Nueva York.

Paquito D Rivera

¿Trinidad, y en todos estos años nunca regresaron a Cuba?

—En 1957, nos contrataron para el cabaret de moda: La Campana. Kid Gavilán, el campeón de boxeo enamorado de Olga, fue a vernos. Pero no lo dejaban entrar porque era negro. Olga protestó que no cantaba. Y al fin lo sentaron, por allá atrás. ¡Así no se podía vivir! Después de la revolución, regresé una sola vez, en 1960, para buscar a Nerza, divorciada y con dos muchachos. Las calles de La Habana hervían de milicianos. Me retuvieron el pasaporte por muchos días. Me hicieron pagar todo el tiempo que vivíamos en Estados Unidos. Cuando llegué a casa, y me asomé a esa ventana y vi el río Hudson, respiré tranquila.

¿Y qué pasó con la música?

—En 1966, formamos un grupo de mujeres: Linda Leyda, Lourdes López, la pianista Margarita Vargas, y Olga, que se estaba divorciando. Nerza no participó porque tenía que cuidar a sus dos hijos chiquitos. Cusa se sumaba los fines de semana. Inauguramos el club Los Violines, en 125 y Broadway. Y fue un acontecimiento. Todos los artistas pasaban por allí a descargar: Olga Guillot, Orlando Vallejo, La Lupe. ¡Cómo gozaba Cachao al verme tocar el bajo! ¿Cuándo se rompió el grupo? El amor atacó de nuevo. Olga se volvió a casar. Cusa a la oficina. Yo me dediqué a cuidar a mis padres, y a componer canciones.

¿Cuándo comienza el dúo con Nerza?

—Pasamos años mirándonos las caras. Nuestros padres habían muerto. Olga casada. Cusa no quería cantar. Los dos hijos de Nerza estaban en el Army... Así que decidimos formar el dúo (1990). Como ya no podíamos bailar como un ciclón, ensayamos guarachas humorísticas y trabalenguas. Nerza es la cómica y yo la seria. Nerza toca las maracas y yo la guitarra. Ella hace la voz prima y yo la segunda. Debutamos en hogares de ancianos que recordaban el trío. Luego nos presentamos con Mario Bauzá en los teatros Town Hall, Cami Hall y Simphony Space, de Nueva York. Y últimamente, lo mismo cantamos en el Park Theater, el Schuetzen Park, o en la casa del gobernador en Nueva Jersey, que en el Manhattan Center, o el Dade County Auditorium de Miami ¿Y sabes cómo nos llaman? Volvimos a ser ¡Las hermanitas Márquez!

¿Cuándo aparece Paquito D'Rivera?

—Conocimos a Maura, su mamá, en el velorio de Mario Bauzá. Desde entonces, no hay fiesta en casa de Paquito si no llegamos guitarra en mano —cuentan a dúo Trini y Nerza—. Paquito descarga con el saxo o con el clarinete y David Oquendo en la guitarra. Una noche se apareció Celia Cruz y le dijo al disquero español que estaba a su lado: "Rupérez, graba a estas chicas que están en lo mejor de su carrera". Paquito descorchó el champagne. Y ahí nació el disco: Paquito D'Rivera presenta a las Hermanas Márquez, donde cantamos las guarachas: Adiós Compay Gato, Por medio peso, Parapampán, Yo no sé nada, Ya yo ta' vieja y La Firulística. También La Clave a Martí y dos temas de Trini, el bolero Alma vacía y Proverbios (dicharachos callejeros). Es un disco fresco, espontáneo, lo grabamos en dos días.

De Puerto Padre al cielo

Mientras Trini pone en el tocadiscos la contagiosa A toda Cuba le gusta, observamos las paredes del piso de Harlem, donde viven desde hace 52 años. Están cubiertas de fotos del trío. En unas aparece Nerza (1940-1951), en otras Olga (1951-1958). Hay fotos con Celia Cruz jovencita, Libertad Lamarque, Sugar Ray Robinson, Josephine Baker, Cantinflas, Pérez Prado. Y, en marco de oro: Don Alberto Márquez y Doña Elena Reyes, los creadores de este canto a la vida que son Las Hermanas Márquez.

—Hemos vivido tanto —dice suspirando Trini—. Y lo que nos falta: ¡Prepárate! —agrega Nerza con una carcajada—. Ve engrasando la cintura, que nos esperan, en mayo, cuatro conciertos en España, y la prestigiosa discoteca Calle 54 de Madrid. ¡De Puerto Padre al cielo!

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