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Salustiano era hermano de Benigno Pereda. En una ocasión, temprano en la noche, pasaba Salustiano por el frente de la casa de Gloria Rodil y esta, confundiéndolo, le preguntó: "..oiga Benigno, usted sabe que película ponen esta noche?..." Salustiano, queriendo sacar a Gloria de su confusión, rectificó: "...Yo me llamo Salustiano...". a lo cual Gloria le responde: "..Ahn, muchas gracias pero, a juzgar por el título, debe ser tremendo paquete..." -
Aporte de Mario Queral -

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Eran los años flacos. Nicolás García y Fife se habían tomado varios tragos en el Café de Mongo Pacheco y la cuenta había llegado a niveles alarmantes. Cuando la hora de liquidar se hizo inevitable, obviamente refiriéndose a cual de los dos había que extenderle crédito a largo plazo, Nicolás le pregunta a Mongo: "....bueno, Pacheco, de que la'o quréis caer?...." -
Aporte de Gote Pereda

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Octavio Martínez tuvo una vez una tiendecita donde tenía de auxiliar a Lenchito. En las ocasiones cuando Octavio tenía que hacer algo en la trastienda y dejaba solo a Lenchito, temiendo que este se dejara vencer por la tentación de comerse subrepticiamente algun guinéo, o un paniqueque, o alguna otra golosina, siempre le exigía: "...silba!, Lenchito, silba!.." -
Aporte de Nene Labrada

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Aun cuando la calle estaba muy dura, tres de los más connotados "tánganas" del pueblo se las habían ingeniado para conseguir la importante suma - en esos tiempos - de 5 quilos. En plena discusión sobre el destino de aquella fortuna, el más sobrio de los tres, frotándose las manos, dijo: "...estamos hechos, vamos a comprar 3 quilos de aguardiente y 2 quilos de pan...", pero el más borrachín indignado protestó: "....señores, por favor, ¿para que tanto pan?..." -
procedencia desconocida.

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"Kurile", uno de esos infelices que ha deambulado por las calles de Pto. Padre por décadas, recibiendo la caridad de todos - a veces los insultos -, fue llevado a un hogar de emergencia pues ya, a causa de la pésima situación, nadie podía compartir un poco de alimento con estos infelices. En el hogar lo bañaron y le dieron ropas y comida. Esto fue en los tiempos de la avalancha de balseros que salían de Pto Padre y quizás esto explique que, un tanto desorientado por aquella inusitada suerte, la exclamación de Kurile fue: "...¡ Que va, pa' Cuba no vuelvo más!! ...."
Aporte de Germán Morell

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En Puerto Padre vivía un distinguido caballero de la raza de color, que se llamaba Elpidio La Rosa, quien tenía dos hijos, el menor de los cuales era conocido por sus coterráneos como “Chicho Bemba”, quien según los comentarios pueblerinos estaba tan bien dotado como el famoso Isidro Guillén.

Chicho, tenía una gran aversión al trabajo, al extremo de que, inclinando una de sus manos hasta casi tocar su brazo, consiguió, a fuerza de mantener esa posición constantemente, no poder volver a enderezarla, lo cual utilizaba como pretexto para pedir dinero a cuanto conocido se le acercara.

Otro natural de la Villa Azul, era un señor, de apellido Bello, (no recuerdo el primer nombre), que tenia una hija, llamada Araceli, una de las mulatas más bellas nacida en nuestro pueblo.


No solamente era extremadamente agraciada físicamente, sino que también tenía un gran talento histriónico.

Junto a Pepito Yuch, otro puertopadrense que compensaba su corta estatura con gran desenvoltura de palabra y grata voz, transmitía poemas por la estación radial local CMKY, así como participaba en obras teatrales benéficas que dirigía Panchito Machado, las cuales contaban con un talentoso elenco de actrices y actores aficionados de la Villa de los Molinos.


No obstante su auto-producida limitación física, Chicho se enamoró perdidamente de Araceli, al extremo que, muy decidido, pidió su mano a su padre, a lo que éste le respondió rápidamente y con enorme gracejo criollo:

QUE VA, VATE, ARACELI ...........ESA NO !!!!!!!


Aporte de "El Manantial"

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Puerto Padre siempre fue una ciudad muy tranquila, donde la delincuencia era casi desconocida y no se efectuaban asaltos a sus ciudadanos, con una excepción,  que le sucedió, o mejor dicho, “fue invento”  de un personaje muy popular en nuestro querido y nunca olvidado pueblo; conocido por dos apodos,  Guaguancho”, o “Nene La Luna”.

Hace muchos años, cuando él era aún muy joven, acostumbraba concurrir casi todas las noches, a las casas de lenocinio en los márgenes de nuestra ciudad, donde, después de darse algunos tragos, siempre buscaba “bronca”, regresando a su casa, sin excepción, con la ropa hecha jirones.

Cansado de esa práctica, su padre le advirtió que la próxima vez que eso sucediera, iba a gastar, rompiéndola sobre su lomo, una pila de leña que tenía en el patio de la casa.

Nene, sabiendo que el progenitor de sus días siempre cumplía lo prometido, se alejó de esos lugares por algún tiempo, temiéndole a la prometida paliza.

Como dice el dicho, “perro huevero, aunque le quemen el hocico”, una noche no pudo resistir la tentación y reincidió, y al volver a las andadas, sucediendo lo mismo de siempre.

Sabiendo lo que le esperaba al regresar a la casa, en “la famosa anacahuita”, muy cerca de su hogar, comenzó a gritar : “Aujilioooo”  “Jocorroooo”.......... “Aujilioooo”, “Jocorroooo”.

Cuando al fin, pasado un buen rato llegaron sus familiares a “rescatarlo”, les dijo sin inmutarse:  -“Ajora” “ej” que “mienen”, “ña” “ej tajde” “ponque” “loj” “ajaltantes” “je” “fuenon” y “minen” como me han “ejao”.

Aporte de "El Manantial"

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Nota: Este es el tipo y estilo de anécdota que queremos publicar. Se le dará debido crédito al que las someta.

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